miércoles, 4 de mayo de 2016

Historias de éxito

Si has llegado hasta aquí, es probable que lo hayas hecho siguiendo el rastro de historias de empresas que han logrado situarse en lo más alto del ranking bursátil mundial.

Pues bien, te has equivocado de sitio. En esta entrada voy a hablarte de la gilipollez empresarial. De historias que no son tales, de comportamientos que rallan la sicopatía y de lo estúpido y falso del comportamiento del ser humano en pleno siglo XXI.

Desde que la falsa historia de la creación de Apple en un garaje empezara a circular por la red, miles de empresas de todo el mundo han querido plasmar la suya propia en las conciencias de consumidores y trabajadores. Y es que ahora hasta un asador de pollos tiene su historia.

Pero lo cierto es que todo esto es una mentira. La verdad es que la mayoría de empresas, grandes y pequeñas han sido creadas o bien como un medio de subsistencia o bien como un medio para forrarse los dientes de oro. Poca gente ofrece servicios o productos con la intención primera de cubrir una necesidad. Pues primero surge nuestra necesidad, la de adquirir prestigio, poder, bienestar, etc.

Nadie empieza su historia diciendo: Quería llenarme los bolsillos de billetes de 500 euros, así que me puse a darle vueltas a la cabeza a ver que negocio podía ofrecerme esa posibilidad.



Vivimos obsesionados con las marcas que en definitiva representan a las empresas. Vestimos prendas que supuestamente nos otorgan prestigio, pero que en realidad están hechas por esclavos en países tercermundistas. Prendas, casi de usar y tirar que los mismos que las diseñan no se pondrían jamas.

Si señores, me han descubierto, hoy quería hablar de la sumisión. De esos que son del equipo tal o pascual. De los que son fan de la Pantoja o de la Belen Esteban. De los que son fan de cualquier cosa en realidad. De los sumisos, de los que cobran 800 euros al mes y hacen horas extra gratis sin que ni si quiera se lo hayan pedido.

De los que son de Iphone, de los que son de Google, de los que son del Real Madrid o de los fans incondicionales de cualquier cantante famoso.

Vivimos en un mundo enfermo de gilipollez en donde se hace cada vez más necesario salir del armario y hablar. Contar lo que pensamos, tumbar barreras y decirle a la gente lo gilipollas que son, que somos, aunque sea con una sonrisa en la boca y riendonos de nosotros mismos.


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